domingo, 17 de marzo de 2013

Un poco de literatura...



Hay ocasiones (muchas) en que la lectura de determinados pasajes resulta tan evocadora y magnífica que no sabes cómo gestionar los sentimientos que crea en el interior de tu cabeza. En dichas ocasiones, más que reinterpretar, parafrasear o traducir dichos sentimientos, lo mejor es transcribir la fuente.

Ya lo hice una vez, con un magnífico artículo de José Andrés Torres Mora, y lo vuelvo a hacer con un pasaje de la obra magna de Victor Hugo: el discurso de Enjolras, previa a la batalla en la barricada en las calles de Paris.

Es literatura, es ficción, pero encierra una actualidad  y un fondo que lo hacen imprescindible.

Disfrutad.

Enjolras habló así:

"Ciudadanos: ¿Os representáis el provenir? Las calles de las ciudades inundadas de luz; ramas verdes en los umbrales; las naciones, hermanas; los hombres, justos; los ancianos, bendiciendo a los niños; lo pasado, amando a lo presente; los pensadores, en completa libertad; los creyentes, iguales entre sí; por religión, el cielo; por sacerdote, a Dios; la conciencia humana convertida en altar; extinguido el odio; la fraternidad del taller y de la escuela; por penalidad y por recompensa, la notoriedad; el trabajo, el derecho, la paz para todos; no más sangre vertida, no más guerras; ¡las madres, dichosas! El primer paso es sojuzgar la materia; el segundo, realizar el ideal. Reflexioinad en lo que ha hecho ya el progreso. En otro tiempo, las primeras razas humanas veían con terror pasar ante sus ojos la hidra que soplaba sobre las aguas, el dragón que vomitaba fuego, el grifo, monstruo del aire, que volaba con las alas de un águila y las garras de un tigre; espantosas fieras colocadas por encima del hombre. Sin embargo, el hombre ha tendido sus redes, las redes sagradas de la inteliencia, y ha acabado por coger en ellas a los monstruos. Hemos domado la hidra y le hemos dado el nombre de vapor; hemos domado el dragón, llamándole locomotora; estamos a punto de domar el grifo, pues ya ha caído ennuestras manos, y hemos cambiado su nombre por el de globo. El día en que esta obra de Prometeo se concluya, unciendo el hombre definitivamente al carro de su voluntad la triple quimera antigua: la hidra, el dragón y el grifo, ese día será dueño del agua, del fuego y del aire, y vendrá a ser para el resto de la creación animada lo que para él eran en otro tiempo los dioses mitológicos. ¡Valor y adelante! ¿Adónde vamos, ciudadanos? A la ciencia convertida en gobierno; a la fuerza de las cosas erigida en única fuerza pública; la ley natural con su sanción y su penalidad en sí misma, y promulgada por la evidencia; a una alborada de verdad que corresponda al nacer del día. Caminamos a la unión de los pueblos; caminamos a la unidad del hombre."

"No más ficciones, no más parásitos. Lo real gobernado por lo verdadero; tal es el fin. La civilización celebrará sus juntas enmedio de Europa, y luego en el centro de los continentes, en un gran Parlamento de la inteligencia. Hase visto ya algo parecido a esto. Los anfictiones tenían diez juntas al año: una en Delfos, mansión de los dioses; otra en las Termópilas, mansión de los héroes. Europa tendrá sus anfictiones, y el globo los tendrá también a su vez. Francia lleva dentro de sí este porvenir sublime. es la gestación del siglo XIX. Lo que bosquejó Grecia merece ser terminado en Francia. Escúchame, Feuilly, y has adoptado por madre la Humanidad, y por padre el Derecho. Vas a morir aquí, esto es, a triunfar. ¡Ciudadanos! Suceda hoy lo que quiera, venzamos o seamos vencidos, vamos a hacer una revolución. Así como los incendios iluminan toda una ciudad, las revoluciones iluminan a todo el género humano. ¿Y qué revolución haremos? Acabo de decirlo: la de la verdad. Desde el punto de vista político no hay más que un principio: la soberanía del hombre sobre sí mismo. Esta soberanía del yo sobre el yo se llama Libertad. Desde que dos o más de estas soberanías se asocian, empieza el Estado. Pero en esta asociación no hay abdicación. Cada soberanía concede cierta parte de sí misma para formar el derecho común; parte que es igual para todos.
Esta identidad de concesiones hechas por los indivíduos en beneficio de todos se llama Igualdad. El derecho común no es más que la protección de todos irradiando sobre el derecho de cada individuo. Esta protección se llama Fraternidad. El punto de intersección de todas estas soberanías que se agregan es lo que recibe el nombre de Sociedad. Siendo esta intersección una unión, el punto en que se verifica es un nudo. De ahí lo que se denomina Vínculo social. Algunos dicen contrato social, y viene a ser lo mismo, por cuanto la palabra contrato se forma etimológicamente con la idea de vínculo. Entendámonos acerca de la igualdad, pues al paso que la libertad es la cima, la igualdad es la base. La igualdad, ciudadanos, no significa toda la vegetación a nivel; una sociedad de matas grandes y de encinas pequeñas, un conjunto de envidiosos hostilizándose. Civilmente, la igualdad significa el camino abierto a todas las aptitudes; políticamente, el mismo peso para todos los votos; religiosamente, el mismo derecho para todas las conciencias. La igualdad tiene su órgano, y este órgano es la instrucción gratuíta y obligatoria."

"El derecho al alfabeto; por ahí se debe empezar. La escuela primaria impuesta a todos; la escuela secundaria ofrecida a todos; tal es la ley. De la escuela idéntica sale la sociedad igual. ¡Sí! ¡Enseñanza! ¡Luz! ¡Luz! De la luz emana todo, y todo vuelve a ella. ¡Ciudadanos!, el siglo XIX es grande, pero el siglo XX será dichoso. Entonces no habrá nada que se parezca a la antigua Historia; no habrá que temer, como hoy, una conquista, una invasión, una usurpación, una rivalidad de naciones a mano armada, una interrupción de civilización por un casamiento de reyes; no habrá que temer un nacimiento en las tiranías hereditarias, un reparto de pueblos acordado en Congresos, una desmembración por hundimiento de dinastías, un combate de dos religiones al encontrarse frente a frente; no habrá ya que temer al hambre, la explotación, la prostitución por miseria, la miseria por falta de trabajo, el cadalso, la cuchilla, las batallas y todos estos latrocinios del acaso en la selva de los acontecimientos. Casi pudiera decir que no habrá ya acontecimientos. Reinará la dicha. El género humano cumplirá su ley, como el globo terrestre cumple la suya; La armonía entre el alma y el astro se restablecerá; el alma gravitará en torno de la verdad, como el astro en torno de la luz. Amigos: la hora en que estamos y en que os hablo es una hora sombría; pero tales son las terribles condiciones de la conquista del porvenir. Una revolución es un peaje. ¡Oh! El género humano será libertado, sacado de su postración, consolado. Se lo afirmamos desde esta barricada. ¿De dónde saldrá el grito de amor sino de lo alto del sacrificio? ¡Oh, hermanos míos! Aquí está el vínculo de unión de los que piensan y de los que padecen; esta barricada no está hecha ni de adoquines, ni de vigas, ni de hierro viejo; está hecha de dos montones: uno, de ideas; otro, de dolores. La miseria encuentra en ella a lo ideal. El día se abraza con la noche y le dice: "Voy a morir contio, y tú vas a renacer conmigo." Del estrecho abrazo de todas las aflicciones brota la fe. Los padecimientos traen aquí su agonía, y las ideas, su inmortalidad. Esta agonía y esta inmortalidad van a mezclarse y a componer nuestra muerte. Hermanos: el que muere aquí, muere en la irradiación del porvenir, y nosotros bajamos a una tumba iluminada por la aurora."

Victor Hugo, "Los miserables" Capítulo V. La guerra dentro de cuatro paredes.

jueves, 7 de marzo de 2013

A propósito de Chávez...


Chávez y Venezuela están de actualidad. La globalización informativa, las redes sociales y la instantaneidad que han instituido en nuestra sociedad nos acercan cualquier hecho que ocurre en cualquier parte del mundo, y nos hacen ser casi protagonistas de la noticia, aunque mucho distemos de comprender su situación, realidad y connotaciones.

Hoy quiero reflexionar sobre Chávez, pero no sin antes advertir, aunque probablemente acabaré fallando, que pretendo hacer una lectura lo más objetiva posible, y sobre todo, sin el conocimiento exhaustivo de quien conoce las realidades que hoy existen en la sociedad venezolana.

Pretendo, pues, aún con el riesgo de incomodar a partidarios y detractores, hacer una reflexión política aplicando unos criterios que son totalmente ajenos a la realidad de ese país, y que, por tanto corren el peligro de no ser aplicables, debido a la enorme diferencia de la tradición política europea y española con la latinoamericana y venezolana.

Hace dos días murió Hugo Chávez, presidente electo de Venezuela, ganador, por tanto de las últimas elecciones en dicho país (y de las tres anteriores, por cierto), exteniente coronel del Ejército, autor de un golpe de Estado y víctima de otro.

Murió la bestia negra del imperialismo capitalista internacional, dictador para muchos, el "hombre del pueblo" para otros tantos, y un líder que a pocos dejaba indiferente.

Detrás de estos dos calificativos, "dictador" y "hombre del pueblo" hay tanta diferencia que resulta extraño que puedan referirse al mismo hombre. Es por ello que la figura de Chávez encierra tanta polémica y debate, y que, tras su muerte, cuajará en la creación de un símbolo político y social como tantos existen en la historia de la humanidad.

Comprender a Chávez, separar el dictador del hombre del pueblo, diferenciar ambas calificaciones para poder discernir cuál es la realidad que subyace detrás del símbolo es harto complicado.

¿Qué era Venezuela sin Chávez? Probablemente otro país más de América Latina donde la influencia de los EEUU, algo innegable, incluso para los más contrarios a su persona, sería mayoritaria.

Los EEUU no son, precisamente, el ejemplo de política exterior responsable, eso lo sabemos todos. Ésta ha estado siempre encaminada a favorecer sus intereses por encima de los intereses generales de la comunidad internacional, y por tanto, como la mayor potencia nacional del continente americano, posee una gran responsabilidad sobre lo que en él ocurre.

Es posible que, al igual que EEUU es directamente responsable del surgimiento del islamismo radical (obsérvese Irán) también sea responsable de la ascensión de líderes populistas "antiimperialistas", que encuentran en la figura de Simón Bolivar, otro antiimperialista, aunque éste contra el Imperio Español, una guía para obtener una conciencia nacional propia.

Venezuela sin Chávez era un país donde la clase media se atisbaba inexistente, donde el pueblo sufría el olvido general de la alta sociedad capitalista, donde volvíamos a encontrar ese epíteto de "tercer estado" que emana como protagonista en la Revolución Francesa, y donde la diferencia entre clases era tan enorme que ofendía.

Una situación de desigualdad es probable que se resuelva con otra situación de desigualdad que la sustituya. Probable pero no siempre cierto, todo hay que decirlo. Además, es el caldo de cultivo perfecto para el nacimiento de populismos, donde la ignorancia del pueblo es una interesante herramienta para su manipulación.

Aquí es donde entra a jugar Chávez, y lo que se convierte en su gran falta.

Probablemente el chavismo ha resuelto desigualdades, ha disminuido la pobreza, ha empoderado al pueblo, y se ha mantenido de forma legítima en el poder durante años. Venezuela ha apoyado a su Presidente porque lo veía como a uno de ellos, identificado, al menos en su faceta más pública, como un ciudadano más (no es así en su vida privada, también dominada por el lujo, y en la que no entraré a divagar aquí).

Utilizar al pueblo como ariete, como plataforma, como trampolín es democrático. Es más, es tremendamente democrático. Pero aprovechar la ignorancia de ese mismo pueblo para engañar su programa, para traicionar sus objetivos iniciales es un pecado que difícilmente tiene que olvidarse en su juicio político.

Los que conocen Venezuela y se declaran antichavistas evidentemente tienen una visión sesgada, pero no hay nada mejor que comparar versiones, al igual que ocurre con Cuba, para quedarse con retazos de verdad de unos y otros, para poco a poco ir hilando una opinión para los que estamos a tanta distancia de su realidad.

No es oro todo lo que reluce, ni fango todo lo que huele. En el caso de Venezuela y de Chávez, las caras de la moneda se enfrentan precisamente en los mismos temas.

La reducción de la pobreza es cierta, pero también la realidad de un país donde las desigualdades siguen presentes aún siendo uno de los países más ricos de Latinoamérica. El porqué de ésta convivencia antagónica quizás debiéramos encontrarla en la ineficacia de un gobierno que se queda en el populismo antiimperialista en lugar de ofrecer una respuesta socialista real a los problemas de sus ciudadanos.

La ausencia de un verdadero sistema sanitario público de calidad, y el peso de la educación privada son aspectos de los que se oye hablar, y eso me recuerda excesivamente a modelos neoliberales que podemos observar aquí, en la Comunidad de Madrid, sin ir mas lejos.
¿Pero no era Venezuela un paraíso socialista? La cuna del antiimperialismo norteamericano es también la cuna de las dos caras de la moneda.

Democracia, si, legítima, si, eso es evidente. Pero cuando la inmersión del partido en el gobierno es tan fuerte, cuando todo está sujeto al control de una misma élite, (anteriormente fue la oligarquía económica, pero ahora es la oligarquía "popular" de partidarios chavistas), se da el caldo de cultivo perfecto para que se pueda de hablar de una dictadura encubierta, con elecciones amañadas.

No pretendo tirar por tierra todos los logros del chavismo, que son muy importantes: la creación de una conciencia dentro del pueblo, el reconocimiento de que se puede participar siendo parte del "tercer estado", la subyugación de los intereses económicos a los designios de la mayoría, pero modestamente considero que la revolución bolivariana es un proceso inacabado, y cuyas sombras oscurecen grandemente sus logros.

La izquierda puede y debe ser democrática enteramente para poder demostrar esa superioridad moral de la que presumimos. El chavismo ha fagocitado a ese modelo que en Europa tenemos en el socialismo democrático.

Es importante en este punto recalcar que dicho socialismo democrático europeo está inmerso en su propia crisis, que podemos comprobar en España, y que también ha perdido sus raíces y su razón de ser, pero ello no impide que, en su adaptación de la realidad democrática vaya pasos por delante de otros socialismos.

¿Frente a Chávez que hay? Una oposición que, efectivamente, posee la misma falta: ausencia de cultura democrática real, exceso de conservadurismo social, político y económico que le lleva, insistente y lógicamente a perder las elecciones, ya que dista mucho de conectar con un pueblo que prefiere la ausencia de libertad real con un modelo pseudo-social incompleto, a la ausencia de libertad total con un modelo neoliberal, que es la causa de sus problemas.

Ausencia, por tanto, de una oposición responsable, que impide la fiscalización real de un modelo político, como el chavismo, que no está en absoluto, libre de carencias y errores.

Siempre que se plantea el debate sobre la libertad, en oposición a las ideas de igualdad, se acaba hablando sobre si conviene más la una o la otra. Pues bien, en este caso, el criterio debe ser siempre el de la famosa cita: "¿Libertad para qué? Libertad para ser libres".

La libertad la determina el conocimiento, la educación, la concienciación de todas las posibilidades del ser humano, y es ésta libertad la que es posible que falte en Venezuela.

La libertad como aquí la describimos quizás, y solo quizás, pueda llegar a éste país, centro de tanta polémica, para barrer a un régimen que tendrá que adaptarse sin su líder, y a una oposición que no es capaz de encontrar su espacio.

Un saludo, y gracias por leerme.

Cristian García Navalón


domingo, 17 de febrero de 2013

Fin de ciclo, o la puerta abierta a la Revolución Española...

Siempre lo acabo diciendo. Hay que leer la historia: es el diario interpretable y futurible de lo que está por venir.
 
Escuchamos mucho últimamente sobre la Transición, la política con mayúsculas o minúsculas, los fines de ciclo o los puntos de inflexión. Hace unos días repasaba los acontecimientos que sucedieron a la caída de Isabel II; pronunciamientos, Gloriosas,  breves monarquías con ánimo de parche, breves repúblicas, y una Restauración borbónica a finales del XIX.
 
Es en éste período en el que pongo la lupa, ya que la radiografía de los acontecimientos resultaba, como en ese momento comentaba, escalofriante.
 
De un país que acoge con buenos ojos una estabilidad política antes inexistente, cristalizada en una renovación de la cabeza coronada bajo el hijo de la Reina exiliada, y que tuvo como praxis la instalación de un sistema electoral corrupto y producto de la ingeniería social y política de Cánovas del Castillo (con la siempre complaciente ayuda de Sagasta), se esperó que por fin pudiera existir "pax" que perdurara en el tiempo, poniendo fin a la "tragedia española" desde el fin del Imperio.
 
Pero el sueño duró poco. No tan poco como las pesadillas anteriores, pero poco aún así, y es ese poco el que resulta interesante de estudiar.
 
Con un pueblo adormecido por la apariencia de democracia (restringida, por supuesto, a los hombres), con un turnismo que en mucho se parece al actual, aunque su diferencia es importante (hoy si hay una elección libre y universal), y con una economía sin acabar de despegar, un estado social con muchos deberes por hacer, el comportamiento del Rey ayudaba a la estabilidad.
 
Pero su prematura muerte, el surgimiento de la lucha obrera, los desmanes de la incipiente burguesía industrial y la balcanización de la política puso en crisis el turnismo.
 
Para colmo, el nuevo Rey, Alfonso XIII no comprendió la distancia que exigía su cargo del día a día, y sus faltas se convirtieron en asunto de Estado.
 
Así, el régimen se caía con cada vez más velocidad, y la bomba de relojería acabó explotando. Dictadura, dictablanda, y a la mínima de cambio, después de mucho mentar a la bicha, II República y exilio.
 
¿Por qué éste extenso, y seguramente errático análisis historico-político? Porque hasta en los años hay correspondencia.
 
De Alfonso XII hemos pasado a Juan Carlos I, y de Cánovas y Sagasta, Maura y Canalejas, a Suárez, González, Aznar y Rodriguez Zapatero. El declive del Rey, que antes se dio con padre e hijo, sucede ahora con el padre, y el turnismo como hemos comentado anteriormente, antes pactado, es ahora casual, aunque lógico.
 
Tenemos, pues, similitudes alarmantes en el sistema; pero, ¿y las circunstancias, los desestabilizadores, y demás agentes?.
 
La antes incipiente clase obrera, partidos pequeños y revolucionarios, son ahora las redes sociales y demás no-representados. Los sindicatos son ahora el 15M, y los desprotegidos han pasado a llamarse desahuciados.
 
La crisis económica, aunque distinta, iguala el malestar ciudadano, el ansia de cambio, ciega y nubla la razón de los ojos de quien la sufre, y juzga impenitentemente a los culpables.
 
Divorcio lo llaman, fractura social es, más bien, con un peligroso agravante: el respaldo que da el apellido tan manido de democracia otorga tanta razón al representante como al representado. Lo que en principio puede parecer una ventaja, vivir en democracia, se convierte en una dañina etiqueta que nubla la vista del gobernante mientras siga contando con una amplia mayoría, pero dicha mayoría, conseguida cada 4 años, dista mucho del ideal democrático que el pueblo demanda.
 
Es ahí donde está la encrucijada. Hoy hemos ganado mucho como sociedad. La política, habiendo conseguido avances impensables hace 100 años, se ha emborrachado de sus propios éxitos. Ha pervertido el fondo, y ha hecho suya la peligrosa proclama de que "el fin justifica los medios".
 
Ante cualquier crítica, el poder responde con glorias, leyes o actitudes pasadas. Elude el debate sobre su propio organismo, su propia constitución y sobre sus propios actos con una demagogia que exaspera a cualquiera.
 
El sistema esta en barrena, gripado, calado, como se le quiera llamar. El sistema que nos ha dado todo lo que históricamente nos habíamos negado a nosotros mismos se ha convertido en el problema, en nuestro techo de cristal. Los partidos políticos mayoritarios, como paladines de éste sistema, siguen (y seguimos) borrachos de democracia, a la par que la ciudadanía empieza a despertar de la resaca.
 
Y aquí es cuando, en ésta encrucijada, surge la pregunta: ¿cómo cambiar el sistema sin cambiar de sistema?. ¿Es posible regenerar sin romper la baraja?. ¿Son capaces los partidos políticos de hacer una revolución interior antes de que la revolución exterior se los lleve por delante?. Precisamente eso ocurrió con los partidos dinásticos del siglo XIX, curiosa ironía para un PSOE que en aquel momento estaba en el otro bando.
 
Como es bien sabido en toda buena historia, alguien tiene que pagar los platos rotos. Está en juego la Restauración, los partidos políticos actuales y, quizás, la propia democracia, porque todos sabemos cómo acabó la gloria inicial de la II República.
 
La historia de España es triste y amarga. Esperemos que su lectura, su estudio y su análisis hagan cambiar un rumbo del que seguimos siendo protagonistas.
 
Un saludo, y gracias por leerme.
 
Cristian García Navalón

jueves, 14 de febrero de 2013

En defensa de Beatriz Talegon


Soy militante del PSOE,  Secretario de organización de la Agrupación Socialista de Almansa, también militante de Juventudes Socialistas, y su secretario general en la provincia de Albacete. Soy militante y dirigente, por tanto, y soy, me siento, y siempre me he comportado como una persona critica con las injusticias que se cometen dentro y fuera de esta organización.

Cuando hace unos días me entere de la intervención de Beatriz Talegon en la reunión de la Internacional Socialista me apresure a felicitarla personalmente, porque se da la circunstancia de que, ademas, la conozco en persona.

La persona, su personalidad o lo que hace con su vida privada es, por ahora, y hasta que no ostente un cargo de responsabilidad pública, irrelevante.

A mi no me conmovió su personalidad, su liderazgo o su aspecto. Tampoco lo que yo conociera u opinara de ella por motivos personales. Lo que me conmovió y aplaudí sin dudarlo fue la valentía de decir lo que muchos pensamos, y que no todos se atreven a decir.

Como empezaba, soy dirigente de JSE, y quien me conoce sabe que nunca me he callado en las reuniones internas y privadas de nuestro partido, pero, a diferencia de Beatriz, mi ámbito de actuación es mucho menos mediático.

Su discurso podía sonar, como siempre suenan los discursos críticos, populista, pero es importante tener en cuenta que no sólo importa la dosis de populismo que se pueda decir para llegar a la conciencia de las personas, sino que también hay que valorar lo que hay detrás: un grito ante una situación que nos asfixia y nos perjudica, directamente a los partidos políticos, pero indirectamente a los ciudadanos.

Días después, la crítica al discurso ideológico de Beatriz Talegon ha dejado de existir para dar paso a una feroz critica a su persona, sus circunstancias, su pasado o su aspecto.

Ya que el debate se ha centrado en estos aspectos, degradandose y degradando a los que así lo alimentan, hablare sobre ellos desde mi perspectiva personal.

Nunca he cobrado un solo euro público, y menos por labores políticas de ningún tipo. He recogido firmas, he pateado la calle, he hecho campañas, me he manifestado contra recortes e injusticias.

De esta forma ejerzo una pasión, que es la política, que me cuesta más de lo que me da, tanto en disgustos como en dinero. Y este hecho no impide que reconozca que, pese a mis circunstancias, o mejor dicho, por mis circunstancias, jamás seré capaz de llegar al ámbito al que habló Beatriz Talegon.

Cierto es que cobra un sueldo. Es cierto que viaja, y que esos viajes son pagados por su organización, mi organización. Cierto es que ha sido concejala, apparatrix como la llaman algunos, combinando cargos en esta organización. Pero quien conocemos lo que significa estar, participar y militar en un partido político sabemos que no se puede hablar delante de Rubalcaba, Papandreu o cualquier líder sin antes haber pasado por ello.

La diferencia estriba en que, mientras que Beatriz podía haberse callado, asegurando con ello su posible carrera política, y aplicando una buena dosis de hipocresía, decidió hablar, diciendo lo que otros menos privilegiados que ella, sin la posibilidad de hablar ante dicho auditorio, no podíamos decir.

Por eso, yo pongo el foco no en ella, sino en todos sus predecesores, en ese u otro ámbito, que no tuvieron las agallas para hacer lo mismo.

Quien sabe lo que significa ser dirigente de una organización como JSE sabe que hay que viajar mucho. Desde mi responsabilidad como secretario provincial he viajado, pagando yo o con ayuda de la organización, muchos kilómetros, porque no se puede representar sin pisar la carretera.

Mi ámbito, pequeño, es uno, pero los hay regionales, nacionales e internacionales, por eso creo un debate maniqueo ahondar en la cuestión de los viajes, más cuando no son turísticos, sino obligatorios para poder representar.

También ha habido opiniones que hablan de su paso por el PSOE o las JSE.
Me sorprende que afirmen que han militado durante meses, o pocos años, y que con ello se arroguen el derecho de criticar, censurar o señalar a los que aún seguimos aquí.

Sobra decir que un partido no son sus dirigentes, y eso creemos en el PSOE, como también creemos que se puede dejar de participar activamente, pero que pocos dejan de militar, y si así lo hacen tan solo tras unos meses, es porque nunca llegaron a respetar las ideas que siempre han estado en el fondo del ideario socialista.

Por eso, afirmo con rotundidad que no puedo aceptar que nadie me de lecciones de ideología o de lealtad.

Hay algo que ha quedado muy claro, y es que el mensaje transmitido por Beatriz Talegon hacia falta. Lo hacia por muchos motivos, que ahora no vienen al caso, pero también ha quedado claro que hemos pasado de la euforia del mensaje a matar al mensajero, y eso deja en evidencia las carencias que tiene la sociedad.

Quizás haya personas más cualificadas que Beatriz para decir lo que ella ha dicho, pero seguramente nunca podrían haberlo hecho. Por eso, y reconociendo que todas las personas tenemos errores, yo me quedo con el fondo del discurso, porque los portavoces son pasajeros, cambian, suben y caen, pero el fondo permanece, y es el fondo lo que en este caso importa.

Me disculpo ante quien se haya sentido agredido por mis palabras.

Un saludo, y gracias por leerme.

Cristian García Navalon

lunes, 4 de febrero de 2013

El silencio de las ideas, o cómo callar para no caer...

Llamadme oportunista, porque os tendré que dar la razón. Las nuevas tecnologías y las redes sociales nos cambian, y nos limitan. Es sorprendente como 140 caracteres, a la vista minúsculos, pueden alejarnos de la plácida escritura de largas reflexiones,  pero de eso soy culpable. Durante meses he circunscrito mi pensamiento a ese casi centenar y medio de letras, pero hoy vuelvo al redil. Soy esclavo de Twitter, lo confieso, pero intento redimirme.

La cuestión es que, si lo pensamos bien, cuando todo un pensamiento se puede traducir en tan poco espacio es que hay poco pensamiento, o por el contrario mucho. No es mi caso ni lo uno ni lo otro (a mi modesto entender), y es la media lo que me hace necesitar más líneas.

Empezaba autoinculpándome de oportunista porque los dos años más intensos de mi vida política han sido los más desiertos en este blog. Curiosamente, cuando más poder tenía de transmitir, de cambiar o al menos de aplicar lo que pienso, más desaforado estaba este espacio de reflexión.

Quizás, todos los males de nuestra sociedad vienen motivados por éste hecho: cuando no podemos hacer nada, hablamos; cuando podemos hacer algo, por minúsculo que sea, callamos, consentimos, y sobre todo, no reflexionamos.

Somos esclavos del "prefiero ser hipócrita indocumentado a que me pillen con un texto que diga lo contrario a lo que hago", pero, personalmente, la razón última que a mi mismo me doy es que "prefiero no pensar, porque si pienso, quizás, solo quizás, me demuestre a mi mismo que estoy traicionando todo lo que antes entendía como irrenunciable".

Así pues, estoy de vuelta, ésta vez para quedarme, porque ahora sí prefiero que me saquen los colores antes que resultar hipócrita, porque solo con los colores de fuera podré aprender, mejorar y, quizás, solo quizás, poder dar ejemplo.

Un saludo, y gracias por volver a leerme.

Cristian García Navalón