lunes, 4 de febrero de 2013

El silencio de las ideas, o cómo callar para no caer...

Llamadme oportunista, porque os tendré que dar la razón. Las nuevas tecnologías y las redes sociales nos cambian, y nos limitan. Es sorprendente como 140 caracteres, a la vista minúsculos, pueden alejarnos de la plácida escritura de largas reflexiones,  pero de eso soy culpable. Durante meses he circunscrito mi pensamiento a ese casi centenar y medio de letras, pero hoy vuelvo al redil. Soy esclavo de Twitter, lo confieso, pero intento redimirme.

La cuestión es que, si lo pensamos bien, cuando todo un pensamiento se puede traducir en tan poco espacio es que hay poco pensamiento, o por el contrario mucho. No es mi caso ni lo uno ni lo otro (a mi modesto entender), y es la media lo que me hace necesitar más líneas.

Empezaba autoinculpándome de oportunista porque los dos años más intensos de mi vida política han sido los más desiertos en este blog. Curiosamente, cuando más poder tenía de transmitir, de cambiar o al menos de aplicar lo que pienso, más desaforado estaba este espacio de reflexión.

Quizás, todos los males de nuestra sociedad vienen motivados por éste hecho: cuando no podemos hacer nada, hablamos; cuando podemos hacer algo, por minúsculo que sea, callamos, consentimos, y sobre todo, no reflexionamos.

Somos esclavos del "prefiero ser hipócrita indocumentado a que me pillen con un texto que diga lo contrario a lo que hago", pero, personalmente, la razón última que a mi mismo me doy es que "prefiero no pensar, porque si pienso, quizás, solo quizás, me demuestre a mi mismo que estoy traicionando todo lo que antes entendía como irrenunciable".

Así pues, estoy de vuelta, ésta vez para quedarme, porque ahora sí prefiero que me saquen los colores antes que resultar hipócrita, porque solo con los colores de fuera podré aprender, mejorar y, quizás, solo quizás, poder dar ejemplo.

Un saludo, y gracias por volver a leerme.

Cristian García Navalón

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