La cuestión es que, si lo
pensamos bien, cuando todo un pensamiento se puede traducir en tan poco espacio
es que hay poco pensamiento, o por el contrario mucho. No es mi caso ni lo uno
ni lo otro (a mi modesto entender), y es la media lo que me hace necesitar más
líneas.
Empezaba autoinculpándome de
oportunista porque los dos años más intensos de mi vida política han sido los más
desiertos en este blog. Curiosamente, cuando más poder tenía de transmitir, de
cambiar o al menos de aplicar lo que pienso, más desaforado estaba este espacio
de reflexión.
Quizás, todos los males de
nuestra sociedad vienen motivados por éste hecho: cuando no podemos hacer nada,
hablamos; cuando podemos hacer algo, por minúsculo que sea, callamos,
consentimos, y sobre todo, no reflexionamos.
Somos esclavos del "prefiero
ser hipócrita indocumentado a que me pillen con un texto que diga lo contrario
a lo que hago", pero, personalmente, la razón última que a mi mismo me doy
es que "prefiero no pensar, porque si pienso, quizás, solo quizás, me
demuestre a mi mismo que estoy traicionando todo lo que antes entendía como
irrenunciable".
Así pues, estoy de vuelta, ésta
vez para quedarme, porque ahora sí prefiero que me saquen los colores antes que
resultar hipócrita, porque solo con los colores de fuera podré aprender,
mejorar y, quizás, solo quizás, poder dar ejemplo.
Un saludo, y gracias por volver a
leerme.
Cristian García Navalón


No hay comentarios:
Publicar un comentario