domingo, 17 de marzo de 2013

Un poco de literatura...



Hay ocasiones (muchas) en que la lectura de determinados pasajes resulta tan evocadora y magnífica que no sabes cómo gestionar los sentimientos que crea en el interior de tu cabeza. En dichas ocasiones, más que reinterpretar, parafrasear o traducir dichos sentimientos, lo mejor es transcribir la fuente.

Ya lo hice una vez, con un magnífico artículo de José Andrés Torres Mora, y lo vuelvo a hacer con un pasaje de la obra magna de Victor Hugo: el discurso de Enjolras, previa a la batalla en la barricada en las calles de Paris.

Es literatura, es ficción, pero encierra una actualidad  y un fondo que lo hacen imprescindible.

Disfrutad.

Enjolras habló así:

"Ciudadanos: ¿Os representáis el provenir? Las calles de las ciudades inundadas de luz; ramas verdes en los umbrales; las naciones, hermanas; los hombres, justos; los ancianos, bendiciendo a los niños; lo pasado, amando a lo presente; los pensadores, en completa libertad; los creyentes, iguales entre sí; por religión, el cielo; por sacerdote, a Dios; la conciencia humana convertida en altar; extinguido el odio; la fraternidad del taller y de la escuela; por penalidad y por recompensa, la notoriedad; el trabajo, el derecho, la paz para todos; no más sangre vertida, no más guerras; ¡las madres, dichosas! El primer paso es sojuzgar la materia; el segundo, realizar el ideal. Reflexioinad en lo que ha hecho ya el progreso. En otro tiempo, las primeras razas humanas veían con terror pasar ante sus ojos la hidra que soplaba sobre las aguas, el dragón que vomitaba fuego, el grifo, monstruo del aire, que volaba con las alas de un águila y las garras de un tigre; espantosas fieras colocadas por encima del hombre. Sin embargo, el hombre ha tendido sus redes, las redes sagradas de la inteliencia, y ha acabado por coger en ellas a los monstruos. Hemos domado la hidra y le hemos dado el nombre de vapor; hemos domado el dragón, llamándole locomotora; estamos a punto de domar el grifo, pues ya ha caído ennuestras manos, y hemos cambiado su nombre por el de globo. El día en que esta obra de Prometeo se concluya, unciendo el hombre definitivamente al carro de su voluntad la triple quimera antigua: la hidra, el dragón y el grifo, ese día será dueño del agua, del fuego y del aire, y vendrá a ser para el resto de la creación animada lo que para él eran en otro tiempo los dioses mitológicos. ¡Valor y adelante! ¿Adónde vamos, ciudadanos? A la ciencia convertida en gobierno; a la fuerza de las cosas erigida en única fuerza pública; la ley natural con su sanción y su penalidad en sí misma, y promulgada por la evidencia; a una alborada de verdad que corresponda al nacer del día. Caminamos a la unión de los pueblos; caminamos a la unidad del hombre."

"No más ficciones, no más parásitos. Lo real gobernado por lo verdadero; tal es el fin. La civilización celebrará sus juntas enmedio de Europa, y luego en el centro de los continentes, en un gran Parlamento de la inteligencia. Hase visto ya algo parecido a esto. Los anfictiones tenían diez juntas al año: una en Delfos, mansión de los dioses; otra en las Termópilas, mansión de los héroes. Europa tendrá sus anfictiones, y el globo los tendrá también a su vez. Francia lleva dentro de sí este porvenir sublime. es la gestación del siglo XIX. Lo que bosquejó Grecia merece ser terminado en Francia. Escúchame, Feuilly, y has adoptado por madre la Humanidad, y por padre el Derecho. Vas a morir aquí, esto es, a triunfar. ¡Ciudadanos! Suceda hoy lo que quiera, venzamos o seamos vencidos, vamos a hacer una revolución. Así como los incendios iluminan toda una ciudad, las revoluciones iluminan a todo el género humano. ¿Y qué revolución haremos? Acabo de decirlo: la de la verdad. Desde el punto de vista político no hay más que un principio: la soberanía del hombre sobre sí mismo. Esta soberanía del yo sobre el yo se llama Libertad. Desde que dos o más de estas soberanías se asocian, empieza el Estado. Pero en esta asociación no hay abdicación. Cada soberanía concede cierta parte de sí misma para formar el derecho común; parte que es igual para todos.
Esta identidad de concesiones hechas por los indivíduos en beneficio de todos se llama Igualdad. El derecho común no es más que la protección de todos irradiando sobre el derecho de cada individuo. Esta protección se llama Fraternidad. El punto de intersección de todas estas soberanías que se agregan es lo que recibe el nombre de Sociedad. Siendo esta intersección una unión, el punto en que se verifica es un nudo. De ahí lo que se denomina Vínculo social. Algunos dicen contrato social, y viene a ser lo mismo, por cuanto la palabra contrato se forma etimológicamente con la idea de vínculo. Entendámonos acerca de la igualdad, pues al paso que la libertad es la cima, la igualdad es la base. La igualdad, ciudadanos, no significa toda la vegetación a nivel; una sociedad de matas grandes y de encinas pequeñas, un conjunto de envidiosos hostilizándose. Civilmente, la igualdad significa el camino abierto a todas las aptitudes; políticamente, el mismo peso para todos los votos; religiosamente, el mismo derecho para todas las conciencias. La igualdad tiene su órgano, y este órgano es la instrucción gratuíta y obligatoria."

"El derecho al alfabeto; por ahí se debe empezar. La escuela primaria impuesta a todos; la escuela secundaria ofrecida a todos; tal es la ley. De la escuela idéntica sale la sociedad igual. ¡Sí! ¡Enseñanza! ¡Luz! ¡Luz! De la luz emana todo, y todo vuelve a ella. ¡Ciudadanos!, el siglo XIX es grande, pero el siglo XX será dichoso. Entonces no habrá nada que se parezca a la antigua Historia; no habrá que temer, como hoy, una conquista, una invasión, una usurpación, una rivalidad de naciones a mano armada, una interrupción de civilización por un casamiento de reyes; no habrá que temer un nacimiento en las tiranías hereditarias, un reparto de pueblos acordado en Congresos, una desmembración por hundimiento de dinastías, un combate de dos religiones al encontrarse frente a frente; no habrá ya que temer al hambre, la explotación, la prostitución por miseria, la miseria por falta de trabajo, el cadalso, la cuchilla, las batallas y todos estos latrocinios del acaso en la selva de los acontecimientos. Casi pudiera decir que no habrá ya acontecimientos. Reinará la dicha. El género humano cumplirá su ley, como el globo terrestre cumple la suya; La armonía entre el alma y el astro se restablecerá; el alma gravitará en torno de la verdad, como el astro en torno de la luz. Amigos: la hora en que estamos y en que os hablo es una hora sombría; pero tales son las terribles condiciones de la conquista del porvenir. Una revolución es un peaje. ¡Oh! El género humano será libertado, sacado de su postración, consolado. Se lo afirmamos desde esta barricada. ¿De dónde saldrá el grito de amor sino de lo alto del sacrificio? ¡Oh, hermanos míos! Aquí está el vínculo de unión de los que piensan y de los que padecen; esta barricada no está hecha ni de adoquines, ni de vigas, ni de hierro viejo; está hecha de dos montones: uno, de ideas; otro, de dolores. La miseria encuentra en ella a lo ideal. El día se abraza con la noche y le dice: "Voy a morir contio, y tú vas a renacer conmigo." Del estrecho abrazo de todas las aflicciones brota la fe. Los padecimientos traen aquí su agonía, y las ideas, su inmortalidad. Esta agonía y esta inmortalidad van a mezclarse y a componer nuestra muerte. Hermanos: el que muere aquí, muere en la irradiación del porvenir, y nosotros bajamos a una tumba iluminada por la aurora."

Victor Hugo, "Los miserables" Capítulo V. La guerra dentro de cuatro paredes.

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