Chávez
y Venezuela están de actualidad. La globalización informativa, las redes
sociales y la instantaneidad que han instituido en nuestra sociedad nos acercan
cualquier hecho que ocurre en cualquier parte del mundo, y nos hacen ser casi
protagonistas de la noticia, aunque mucho distemos de comprender su situación,
realidad y connotaciones.
Hoy
quiero reflexionar sobre Chávez, pero no sin antes advertir, aunque
probablemente acabaré fallando, que pretendo hacer una lectura lo más objetiva
posible, y sobre todo, sin el conocimiento exhaustivo de quien conoce las
realidades que hoy existen en la sociedad venezolana.
Pretendo,
pues, aún con el riesgo de incomodar a partidarios y detractores, hacer una
reflexión política aplicando unos criterios que son totalmente ajenos a la
realidad de ese país, y que, por tanto corren el peligro de no ser aplicables,
debido a la enorme diferencia de la tradición política europea y española con
la latinoamericana y venezolana.
Hace
dos días murió Hugo Chávez, presidente electo de Venezuela, ganador, por tanto
de las últimas elecciones en dicho país (y de las tres anteriores, por cierto),
exteniente coronel del Ejército, autor de un golpe de Estado y víctima de otro.
Murió
la bestia negra del imperialismo capitalista internacional, dictador para
muchos, el "hombre del pueblo" para otros tantos, y un líder que a
pocos dejaba indiferente.
Detrás
de estos dos calificativos, "dictador" y "hombre del
pueblo" hay tanta diferencia que resulta extraño que puedan referirse al
mismo hombre. Es por ello que la figura de Chávez encierra tanta polémica y
debate, y que, tras su muerte, cuajará en la creación de un símbolo político y
social como tantos existen en la historia de la humanidad.
Comprender
a Chávez, separar el dictador del hombre del pueblo, diferenciar ambas
calificaciones para poder discernir cuál es la realidad que subyace detrás del
símbolo es harto complicado.
¿Qué
era Venezuela sin Chávez? Probablemente otro país más de América Latina donde
la influencia de los EEUU, algo innegable, incluso para los más contrarios a su
persona, sería mayoritaria.
Los
EEUU no son, precisamente, el ejemplo de política exterior responsable, eso lo
sabemos todos. Ésta ha estado siempre encaminada a favorecer sus intereses por
encima de los intereses generales de la comunidad internacional, y por tanto,
como la mayor potencia nacional del continente americano, posee una gran
responsabilidad sobre lo que en él ocurre.
Es
posible que, al igual que EEUU es directamente responsable del surgimiento del islamismo
radical (obsérvese Irán) también sea responsable de la ascensión de líderes
populistas "antiimperialistas", que encuentran en la figura de Simón
Bolivar, otro antiimperialista, aunque éste contra el Imperio Español, una guía
para obtener una conciencia nacional propia.
Venezuela
sin Chávez era un país donde la clase media se atisbaba inexistente, donde el
pueblo sufría el olvido general de la alta sociedad capitalista, donde
volvíamos a encontrar ese epíteto de "tercer estado" que emana como
protagonista en la Revolución Francesa, y donde la diferencia entre clases era
tan enorme que ofendía.
Una
situación de desigualdad es probable que se resuelva con otra situación de
desigualdad que la sustituya. Probable pero no siempre cierto, todo hay que decirlo.
Además, es el caldo de cultivo perfecto para el nacimiento de populismos, donde
la ignorancia del pueblo es una interesante herramienta para su manipulación.
Aquí
es donde entra a jugar Chávez, y lo que se convierte en su gran falta.
Probablemente
el chavismo ha resuelto desigualdades, ha disminuido la pobreza, ha empoderado
al pueblo, y se ha mantenido de forma legítima en el poder durante años.
Venezuela ha apoyado a su Presidente porque lo veía como a uno de ellos,
identificado, al menos en su faceta más pública, como un ciudadano más (no es
así en su vida privada, también dominada por el lujo, y en la que no entraré a
divagar aquí).
Utilizar
al pueblo como ariete, como plataforma, como trampolín es democrático. Es más,
es tremendamente democrático. Pero aprovechar la ignorancia de ese mismo pueblo
para engañar su programa, para traicionar sus objetivos iniciales es un pecado
que difícilmente tiene que olvidarse en su juicio político.
Los
que conocen Venezuela y se declaran antichavistas evidentemente tienen una
visión sesgada, pero no hay nada mejor que comparar versiones, al igual que
ocurre con Cuba, para quedarse con retazos de verdad de unos y otros, para poco
a poco ir hilando una opinión para los que estamos a tanta distancia de su realidad.
No
es oro todo lo que reluce, ni fango todo lo que huele. En el caso de Venezuela
y de Chávez, las caras de la moneda se enfrentan precisamente en los mismos
temas.
La
reducción de la pobreza es cierta, pero también la realidad de un país donde
las desigualdades siguen presentes aún siendo uno de los países más ricos de Latinoamérica.
El porqué de ésta convivencia antagónica quizás debiéramos encontrarla en la
ineficacia de un gobierno que se queda en el populismo antiimperialista en
lugar de ofrecer una respuesta socialista real a los problemas de sus
ciudadanos.
La
ausencia de un verdadero sistema sanitario público de calidad, y el peso de la
educación privada son aspectos de los que se oye hablar, y eso me recuerda
excesivamente a modelos neoliberales que podemos observar aquí, en la Comunidad
de Madrid, sin ir mas lejos.
¿Pero
no era Venezuela un paraíso socialista? La cuna del antiimperialismo
norteamericano es también la cuna de las dos caras de la moneda.
Democracia,
si, legítima, si, eso es evidente. Pero cuando la inmersión del partido en el
gobierno es tan fuerte, cuando todo está sujeto al control de una misma élite,
(anteriormente fue la oligarquía económica, pero ahora es la oligarquía
"popular" de partidarios chavistas), se da el caldo de cultivo
perfecto para que se pueda de hablar de una dictadura encubierta, con
elecciones amañadas.
No
pretendo tirar por tierra todos los logros del chavismo, que son muy
importantes: la creación de una conciencia dentro del pueblo, el reconocimiento
de que se puede participar siendo parte del "tercer estado", la
subyugación de los intereses económicos a los designios de la mayoría, pero
modestamente considero que la revolución bolivariana es un proceso inacabado, y
cuyas sombras oscurecen grandemente sus logros.
La
izquierda puede y debe ser democrática enteramente para poder demostrar esa
superioridad moral de la que presumimos. El chavismo ha fagocitado a ese modelo
que en Europa tenemos en el socialismo democrático.
Es
importante en este punto recalcar que dicho socialismo democrático europeo está
inmerso en su propia crisis, que podemos comprobar en España, y que también ha
perdido sus raíces y su razón de ser, pero ello no impide que, en su adaptación
de la realidad democrática vaya pasos por delante de otros socialismos.
¿Frente
a Chávez que hay? Una oposición que, efectivamente, posee la misma falta:
ausencia de cultura democrática real, exceso de conservadurismo social,
político y económico que le lleva, insistente y lógicamente a perder las
elecciones, ya que dista mucho de conectar con un pueblo que prefiere la
ausencia de libertad real con un modelo pseudo-social incompleto, a la ausencia
de libertad total con un modelo neoliberal, que es la causa de sus problemas.
Ausencia,
por tanto, de una oposición responsable, que impide la fiscalización real de un
modelo político, como el chavismo, que no está en absoluto, libre de carencias
y errores.
Siempre
que se plantea el debate sobre la libertad, en oposición a las ideas de
igualdad, se acaba hablando sobre si conviene más la una o la otra. Pues bien,
en este caso, el criterio debe ser siempre el de la famosa cita:
"¿Libertad para qué? Libertad para ser libres".
La
libertad la determina el conocimiento, la educación, la concienciación de todas
las posibilidades del ser humano, y es ésta libertad la que es posible que
falte en Venezuela.
La
libertad como aquí la describimos quizás, y solo quizás, pueda llegar a éste
país, centro de tanta polémica, para barrer a un régimen que tendrá que
adaptarse sin su líder, y a una oposición que no es capaz de encontrar su
espacio.
Un
saludo, y gracias por leerme.
Cristian
García Navalón

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