jueves, 7 de marzo de 2013

A propósito de Chávez...


Chávez y Venezuela están de actualidad. La globalización informativa, las redes sociales y la instantaneidad que han instituido en nuestra sociedad nos acercan cualquier hecho que ocurre en cualquier parte del mundo, y nos hacen ser casi protagonistas de la noticia, aunque mucho distemos de comprender su situación, realidad y connotaciones.

Hoy quiero reflexionar sobre Chávez, pero no sin antes advertir, aunque probablemente acabaré fallando, que pretendo hacer una lectura lo más objetiva posible, y sobre todo, sin el conocimiento exhaustivo de quien conoce las realidades que hoy existen en la sociedad venezolana.

Pretendo, pues, aún con el riesgo de incomodar a partidarios y detractores, hacer una reflexión política aplicando unos criterios que son totalmente ajenos a la realidad de ese país, y que, por tanto corren el peligro de no ser aplicables, debido a la enorme diferencia de la tradición política europea y española con la latinoamericana y venezolana.

Hace dos días murió Hugo Chávez, presidente electo de Venezuela, ganador, por tanto de las últimas elecciones en dicho país (y de las tres anteriores, por cierto), exteniente coronel del Ejército, autor de un golpe de Estado y víctima de otro.

Murió la bestia negra del imperialismo capitalista internacional, dictador para muchos, el "hombre del pueblo" para otros tantos, y un líder que a pocos dejaba indiferente.

Detrás de estos dos calificativos, "dictador" y "hombre del pueblo" hay tanta diferencia que resulta extraño que puedan referirse al mismo hombre. Es por ello que la figura de Chávez encierra tanta polémica y debate, y que, tras su muerte, cuajará en la creación de un símbolo político y social como tantos existen en la historia de la humanidad.

Comprender a Chávez, separar el dictador del hombre del pueblo, diferenciar ambas calificaciones para poder discernir cuál es la realidad que subyace detrás del símbolo es harto complicado.

¿Qué era Venezuela sin Chávez? Probablemente otro país más de América Latina donde la influencia de los EEUU, algo innegable, incluso para los más contrarios a su persona, sería mayoritaria.

Los EEUU no son, precisamente, el ejemplo de política exterior responsable, eso lo sabemos todos. Ésta ha estado siempre encaminada a favorecer sus intereses por encima de los intereses generales de la comunidad internacional, y por tanto, como la mayor potencia nacional del continente americano, posee una gran responsabilidad sobre lo que en él ocurre.

Es posible que, al igual que EEUU es directamente responsable del surgimiento del islamismo radical (obsérvese Irán) también sea responsable de la ascensión de líderes populistas "antiimperialistas", que encuentran en la figura de Simón Bolivar, otro antiimperialista, aunque éste contra el Imperio Español, una guía para obtener una conciencia nacional propia.

Venezuela sin Chávez era un país donde la clase media se atisbaba inexistente, donde el pueblo sufría el olvido general de la alta sociedad capitalista, donde volvíamos a encontrar ese epíteto de "tercer estado" que emana como protagonista en la Revolución Francesa, y donde la diferencia entre clases era tan enorme que ofendía.

Una situación de desigualdad es probable que se resuelva con otra situación de desigualdad que la sustituya. Probable pero no siempre cierto, todo hay que decirlo. Además, es el caldo de cultivo perfecto para el nacimiento de populismos, donde la ignorancia del pueblo es una interesante herramienta para su manipulación.

Aquí es donde entra a jugar Chávez, y lo que se convierte en su gran falta.

Probablemente el chavismo ha resuelto desigualdades, ha disminuido la pobreza, ha empoderado al pueblo, y se ha mantenido de forma legítima en el poder durante años. Venezuela ha apoyado a su Presidente porque lo veía como a uno de ellos, identificado, al menos en su faceta más pública, como un ciudadano más (no es así en su vida privada, también dominada por el lujo, y en la que no entraré a divagar aquí).

Utilizar al pueblo como ariete, como plataforma, como trampolín es democrático. Es más, es tremendamente democrático. Pero aprovechar la ignorancia de ese mismo pueblo para engañar su programa, para traicionar sus objetivos iniciales es un pecado que difícilmente tiene que olvidarse en su juicio político.

Los que conocen Venezuela y se declaran antichavistas evidentemente tienen una visión sesgada, pero no hay nada mejor que comparar versiones, al igual que ocurre con Cuba, para quedarse con retazos de verdad de unos y otros, para poco a poco ir hilando una opinión para los que estamos a tanta distancia de su realidad.

No es oro todo lo que reluce, ni fango todo lo que huele. En el caso de Venezuela y de Chávez, las caras de la moneda se enfrentan precisamente en los mismos temas.

La reducción de la pobreza es cierta, pero también la realidad de un país donde las desigualdades siguen presentes aún siendo uno de los países más ricos de Latinoamérica. El porqué de ésta convivencia antagónica quizás debiéramos encontrarla en la ineficacia de un gobierno que se queda en el populismo antiimperialista en lugar de ofrecer una respuesta socialista real a los problemas de sus ciudadanos.

La ausencia de un verdadero sistema sanitario público de calidad, y el peso de la educación privada son aspectos de los que se oye hablar, y eso me recuerda excesivamente a modelos neoliberales que podemos observar aquí, en la Comunidad de Madrid, sin ir mas lejos.
¿Pero no era Venezuela un paraíso socialista? La cuna del antiimperialismo norteamericano es también la cuna de las dos caras de la moneda.

Democracia, si, legítima, si, eso es evidente. Pero cuando la inmersión del partido en el gobierno es tan fuerte, cuando todo está sujeto al control de una misma élite, (anteriormente fue la oligarquía económica, pero ahora es la oligarquía "popular" de partidarios chavistas), se da el caldo de cultivo perfecto para que se pueda de hablar de una dictadura encubierta, con elecciones amañadas.

No pretendo tirar por tierra todos los logros del chavismo, que son muy importantes: la creación de una conciencia dentro del pueblo, el reconocimiento de que se puede participar siendo parte del "tercer estado", la subyugación de los intereses económicos a los designios de la mayoría, pero modestamente considero que la revolución bolivariana es un proceso inacabado, y cuyas sombras oscurecen grandemente sus logros.

La izquierda puede y debe ser democrática enteramente para poder demostrar esa superioridad moral de la que presumimos. El chavismo ha fagocitado a ese modelo que en Europa tenemos en el socialismo democrático.

Es importante en este punto recalcar que dicho socialismo democrático europeo está inmerso en su propia crisis, que podemos comprobar en España, y que también ha perdido sus raíces y su razón de ser, pero ello no impide que, en su adaptación de la realidad democrática vaya pasos por delante de otros socialismos.

¿Frente a Chávez que hay? Una oposición que, efectivamente, posee la misma falta: ausencia de cultura democrática real, exceso de conservadurismo social, político y económico que le lleva, insistente y lógicamente a perder las elecciones, ya que dista mucho de conectar con un pueblo que prefiere la ausencia de libertad real con un modelo pseudo-social incompleto, a la ausencia de libertad total con un modelo neoliberal, que es la causa de sus problemas.

Ausencia, por tanto, de una oposición responsable, que impide la fiscalización real de un modelo político, como el chavismo, que no está en absoluto, libre de carencias y errores.

Siempre que se plantea el debate sobre la libertad, en oposición a las ideas de igualdad, se acaba hablando sobre si conviene más la una o la otra. Pues bien, en este caso, el criterio debe ser siempre el de la famosa cita: "¿Libertad para qué? Libertad para ser libres".

La libertad la determina el conocimiento, la educación, la concienciación de todas las posibilidades del ser humano, y es ésta libertad la que es posible que falte en Venezuela.

La libertad como aquí la describimos quizás, y solo quizás, pueda llegar a éste país, centro de tanta polémica, para barrer a un régimen que tendrá que adaptarse sin su líder, y a una oposición que no es capaz de encontrar su espacio.

Un saludo, y gracias por leerme.

Cristian García Navalón


No hay comentarios:

Publicar un comentario