
¿Qué es lo que se puede esperar de un debate tan absolutamente mediatizado como es el que hemos podido presenciar hoy?
¿Propuestas? ¿Debate? ¿Broncas? ¿Dardos envenenados? De todo un poco, además de un espectáculo dantesco y que desvirtúa al propio parlamento en su actividad diaria.
Pensareis, ¿que dice este loco?. Pues si. Éste formato de debate me parece más un caramelo a los medios de comunicación, un fracasado intento de acercar la actividad parlamentaria a los ciudadanos, una herramienta mediática de los políticos, que un debate útil para el seno de la cámara en la que se desarrolla.
Quien, como a mi, gusta de escuchar y ver los debates semanales o diarios en comisiones, o el mismo Pleno del Congreso, notarán la diferencia notable que existe entre éstos y el que acabamos de ver, que más se parece a un debate de investidura que a otra cosa.
Y, pese a que debate es, y el debate siempre es bueno, cuando el político en sede parlamentaria se dirige, no a sus interlocutores físicos, sino a los del otro lado de las ondas, convierte el Congreso en una suerte de mitin, de distintos colores, y se degrada a un nivel que dista mucho de la dignidad que merece el lugar donde se desarrolla.
Dicha esta opinión general sobre el formato del debate, me gustaria comentar ahora las características de éste debate en particular.
Obviamente, mi opinión va a ser absolutamente subjetiva, habida cuenta de dónde milito, y cuales son mis ideas, pero no repararé en esfuerzos para intentar acercarme a la objetividad.
El indudable protagonista, el Presidente del Gobierno, ha sido testigo de su soledad. Una soledad construida por propia voluntad, en una parte, y por las circunstancias en otra.
La voluntad hizo que, como se comentó en anteriores entradas, Euskadi fuera la espoleta de una bomba de relojeria en el Congreso de los Diputados. Ha sido un dulce muy dulce, pero con un núcleo amargo, que siempre merecerá la pena, pero que ahora evidencia lo duras que son las decisiones en política.
El PNV ha sido agresivo, venenoso y vengativo. Todo lo que pueda decir es poco habida cuenta de la intervención de Josu Erkoreka, más propia de un niño que de un parlamentario adulto.
El resto de grupos han seguido la línea, si bien la dureza ha ido disminuyendo a lo largo de la sesión, no se si por hastío o porque nos acercabamos a la izquierda (me inclino a lo segundo).
CIU, en el más puro estilo Durán. Sibelino, complaciente y mortal, certero en su ataque y venenoso una vez consumado el picotazo. Todo revestido de un aburrido tono, y la siempre coletilla positiva al principio, como anestesia para lo que viene despues.
ERC, tambien en la línea. Mas abrupta, mas auténtica, Ridao no sorprende.
Vuelvo al Presidente del Gobierno, para posteriormente acabar con su enemigo natural.
Zapatero ha dado la talla. Sinceramente lo creo, y si no, aquí me siento lo suficientemente libre como para expresarme libremente.
Ha sabido establecer una estrategia muy inteligente, como dicen los medios, de giro a la derecha y fogonazos a la izquierda, desconcertando al PP y obligando a Rajoy a redefinir su discurso moderado.
Un éxito, para mi parecer, que no implica que me haya gustado. No. No me gusta éste uso del debate. Me gusta ver a un Presidente fuerte, pero no a un Presidente manipulador.
Algunas de las banderas, o conejos como decian por ahi, que Zapatero ha sacado no son más que medidas de maquillaje, y que poco harán en la economía. Los cheques no son la solución. No lo han sido nunca ni lo seran jamás, y, para una persona socialista, no deberian ser una opción a valorar.
Otras medidas son interesantes. Como las de vivienda, pero me hacen recelar, sinceramente por mi inconsciencia en temas económicos.
Medias mediaticas, titulares, algunas buenas y otras malas. Dirigidas a neutralizar el ataque Popular, y que, por el bien de todos, esperemos tengan un efecto positivo.
Por eso, habiendo criticado al Presidente, expongo ahora mi confianza en que sirvan para algo, y mi más absoluta esperanza en que sea exitosa, por el bien de España y por el bien del socialismo.
Y llegamos al PP. Mariano Rajoy ha tenido un debate francamente ridículo.
Su tono de prepotencia recordaba al más puro estilo Aznar, pero sazonado con unos pellizcos de la ironía con menos gusto que he visto en años en sede parlamentaria.
Y eso que es un hombre al que la ironía sienta muy bien, pero que, esta vez, se ha pasado de la raya, frivolizando de tal forma que llegaba a la pedanteria.
Ni una propuesta concreta. Volvemos al asunto inicial. Las propuestas son para las comisiones. Aqui se debate, se hace retórica, e incluso en éso Rajoy ha sido el alumno con el sobrero de orejas de burro.
Se ha ganado negativos de la bancada socialista debido al insulto directo contínuo que ha lanzado. No hablaba, el odio y la mala sangre brotaban por su garganta con el tono irritante que le caracteriza, y que, en contrapunto a la actitud rígidamente tranquila que Zapatero transmitía, dejaba traslucir una sensación de nerviosismo constante.
Tras esto, y reconociendo que tenemos los políticos que nos merecemos, el debate ha sido una dura ducha de agua fría para el Presidente Zapatero, y también para todos los que depositamos nuestra confianza en él, ayer, hoy, y mañana, ya que hemos constatado que, ante la crisis, todos los grupos intentan colocarse como amantes potencianles, sobrepasando el sentido de Estado, y anteponiendo su infinito afán por ser determinantes.
Como digo, los políticos que nos merecemos.
Un saludo, y gracias por leerme.

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