lunes, 6 de abril de 2009

España, religión e hipocresía


Se acerca la Semana Santa. Se nota, se siente. Se oyen ya los pasos de los cofrades por las calles de toda España, y empezamos a rogar a Dios sin dejar el mazo muy lejos de nuestras manos.


Es un periodo curioso, porque ahora es cuando parece que España sale a la calle. No sale para manifestarse contra la injusticia (en ocasiones también, pero algo muy gordo debe haber pasado), no sale, al menos en la misma proporción, al día Santo de la Democracia, cada 4 años.


Pero la Semana Santa descubre a mucha gente lo que parece llevar dentro. Y ahora es cuando, con una maldad absoluta, y cierto desprecio, que espero sea perdonado, digo que lo que sacan es hipocresía.


España ha dejado de ser católica. ¿Quién no recuerda esta perla de Manuel Azaña? Éste hombre, autor de mas frases famosas de lo que seguramente hubiera deseado, se equivocó. España puede ser roja, rojísima, pero dejar de ser católica? Parece que eso es como el cigarrito con el café. No existe lo uno (España) sin lo otro (religión).


Y es algo que los ateos, aunque católicos no practicantes legalmente, gracias a la disposicion de la Santa Iglesia Católica de dejarse comer terreno, no llegamos a entender.

Vivimos entre la religión. Nos dicta la moral y nos intenta adoctrinar. Pero afortunadamente, estamos aprendiendo a vivir solos.


Porque podemos crear una sociedad en la que, al igual que la ideología, podemos elegir, decidir, si queremos que nos controle la Iglesia o no, porque al contrario que nuestros padres, somos dueños de nuestra cabeza, con permiso de otros tantos "factores externos". Pero si, podemos gritar algo y claro: YA NO SOY UN TÍTERE DE NINGUN OBISPO".


Hoy Azaña, aunque seguiría equivocándose, y teniendo jaquecas continuas gracias a la curia, se sentiría orgulloso de que un pequeño rallo de luz abra paso a un mundo sin la intransigencia y fanatismo de la religión, donde cualquiera puede vivir con quien quiera, estudiar lo que quiera y pensar como quiera, sin un alzacuellos desafiante y dictador observando desde un púlpito levantado sobre la opresión y la hipocresía.


Pero, y enlazo con mi gran temeridad, aun hay mucha gente que se vale de esta misma hipocresía para adular a aquellos que les oprimen. Ésto tiene un nombre, que repito en todos mis textos. La enfermedad del que se enamora de su captor. España está cautiva, y no se liberará hasta que un niño que nazca pueda no ser bautizado sin ser un bicho raro, y hasta que los sacerdotes respeten a la política limitando su sermón al sentir de su Dios.


Aún queda mucho, pero, como siempre digo, ¿por qué no seguir intentándolo, aunque sólo sea por Azaña?


Un saludo, y muchas gracias por leerme.

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