Un año mas, los leones han dejado entrar a España en el Congreso de los Diputados.
Es curioso que lo diga de ésta forma, ya que, en teoría, los diputados son España, porque son su más fiel representación democrática, pero en estos momentos de crisis ideológica y política, España se separa de sus representantes, y da más valor a las inmensas colas que se agolpan desde la madrugada para pasar al Palacio de los Leones.
Como cada año, coincidiendo con el puente de la Constitución, las jornadas de puertas abiertas del Palacio del Congreso han hecho accesible el edificio más importante de España, por su valor simbólico sin duda.
Éste año yo he estado allí.
10 años he esperado para poder observar el reloj astronómico, el original de nuestra Carta Magna, los tapices, los pasos perdidos, los escaños.
Un edificio que, como he dicho, quizás sea el más importante de España en cuanto a simbolismo, pero que también guarda un lugar privilegiado para mí, tanto por su valor histórico, como arquitectónico.
Desde las 7:20 de la mañana en la cola, en la fachada posterior, y ya sentía el cosquilleo de la ilusión. Vislumbraba la biblioteca de dos plantas por un sutil descuido de las cortinas, y veía allí la colección de libros que solo unos privilegiados pueden hojear.
A las 9 de la mañana, por una decisión del Presidente Bono nos dejaron pasar.
Seguridad. Es la palabra que lo impregnaba todo. Controles, maquinas, policías nacionales… un rosario de medidas para evitar problemas, y después, algo mucho más dulce: chocolate caliente y caldo (por orden del de Salobre) para dar la bienvenida a la casa de todos, la casa de España.
Y comienza la visita. Entrar por la puerta de los diputados, ver los tapices y las alfombras, las salas y las mesas, los cuadros, los espejos y las lámparas, tantas veces vistas en televisión, hace que pienses que realmente no estas allí, que es una ilusión de la memoria.
Pero si, allí estas, y no es un recorrido virtual, que te obliga a andar. Me paro, miro, remiro y vuelvo a mirar. Doy pasos atrás y adelante, no me lo creo. “Madre mía, no me lo puedo creer”, es la frase que más repetí en toda la mañana.
Y de repente, el Hemiciclo. Se me corta la respiración al mirar para arriba. No veo los famosos disparos, no me alcanza la vista, da igual, resuenan en mi cabeza. Como los debates sobre guerra y paz, los discursos de investidura, las mociones, las votaciones, las sesiones de control, el “mire usted” y el “por consiguiente”, el “manda huevos” y “las fuerzas de la naturaleza”, el “váyase”, y el “señor presidente, señorías”.
Parece tan pequeño, pero a la vez tan grande. El banco azul, las bancadas granates, huérfanas de sus inquilinos por 4 años, que huyen de las puertas abiertas.
Hoy hay un hemiciclo del pueblo.
En el centro, el omnipresente Bono concede una entrevista a la radio pública. Nos sentamos y escuchamos, pero, ante todo siento el lugar con una fuerza descomunal.
El atril, la presidencia, los sillones reales, la palabra.
Me viene una imagen, las Cortes Franquistas, donde ahora se sienta el pueblo se sentaron militares, obispos, falangistas. La vergüenza de un edificio, malogrado hasta la médula, pero ya no es así, hoy diferente.
Sentado en el escaño de Guerra me trago la entrevista, y, terminada, consigo el trofeo, una fotografía en el escaño del Presidente del Gobierno, otra novedad por cortesía del paisano Bono.
Me pregunto cómo verá Zapatero el país desde éste escaño todos los miércoles. Es, según pude comprobar, una posición perfecta para dominar el hemiciclo, a toda la oposición, y a la tribuna. Visión perfecta pero, ¿audición perfecta? Por el bien de España esperemos que si.
Toca irse, ha sido una experiencia electrizante. Continúa la visita por las distintas dependencias. Después salimos y nos encontramos con Madrid a las 10:30 de la mañana, bullicioso, atareado, secuestrado.
Ése día colmé una de mis aspiraciones máximas en Madrid: visitar el Congreso de los Diputados.
Visto vacío, ahora toca verlo en su normalidad, como público. Otro día será, por ahora, ya estoy tranquilo, y feliz.
Un saludo y muchas gracias por leerme.
Es curioso que lo diga de ésta forma, ya que, en teoría, los diputados son España, porque son su más fiel representación democrática, pero en estos momentos de crisis ideológica y política, España se separa de sus representantes, y da más valor a las inmensas colas que se agolpan desde la madrugada para pasar al Palacio de los Leones.
Como cada año, coincidiendo con el puente de la Constitución, las jornadas de puertas abiertas del Palacio del Congreso han hecho accesible el edificio más importante de España, por su valor simbólico sin duda.
Éste año yo he estado allí.
10 años he esperado para poder observar el reloj astronómico, el original de nuestra Carta Magna, los tapices, los pasos perdidos, los escaños.
Un edificio que, como he dicho, quizás sea el más importante de España en cuanto a simbolismo, pero que también guarda un lugar privilegiado para mí, tanto por su valor histórico, como arquitectónico.
Desde las 7:20 de la mañana en la cola, en la fachada posterior, y ya sentía el cosquilleo de la ilusión. Vislumbraba la biblioteca de dos plantas por un sutil descuido de las cortinas, y veía allí la colección de libros que solo unos privilegiados pueden hojear.
A las 9 de la mañana, por una decisión del Presidente Bono nos dejaron pasar.
Seguridad. Es la palabra que lo impregnaba todo. Controles, maquinas, policías nacionales… un rosario de medidas para evitar problemas, y después, algo mucho más dulce: chocolate caliente y caldo (por orden del de Salobre) para dar la bienvenida a la casa de todos, la casa de España.
Y comienza la visita. Entrar por la puerta de los diputados, ver los tapices y las alfombras, las salas y las mesas, los cuadros, los espejos y las lámparas, tantas veces vistas en televisión, hace que pienses que realmente no estas allí, que es una ilusión de la memoria.
Pero si, allí estas, y no es un recorrido virtual, que te obliga a andar. Me paro, miro, remiro y vuelvo a mirar. Doy pasos atrás y adelante, no me lo creo. “Madre mía, no me lo puedo creer”, es la frase que más repetí en toda la mañana.
Y de repente, el Hemiciclo. Se me corta la respiración al mirar para arriba. No veo los famosos disparos, no me alcanza la vista, da igual, resuenan en mi cabeza. Como los debates sobre guerra y paz, los discursos de investidura, las mociones, las votaciones, las sesiones de control, el “mire usted” y el “por consiguiente”, el “manda huevos” y “las fuerzas de la naturaleza”, el “váyase”, y el “señor presidente, señorías”.
Parece tan pequeño, pero a la vez tan grande. El banco azul, las bancadas granates, huérfanas de sus inquilinos por 4 años, que huyen de las puertas abiertas.
Hoy hay un hemiciclo del pueblo.
En el centro, el omnipresente Bono concede una entrevista a la radio pública. Nos sentamos y escuchamos, pero, ante todo siento el lugar con una fuerza descomunal.
El atril, la presidencia, los sillones reales, la palabra.
Me viene una imagen, las Cortes Franquistas, donde ahora se sienta el pueblo se sentaron militares, obispos, falangistas. La vergüenza de un edificio, malogrado hasta la médula, pero ya no es así, hoy diferente.
Sentado en el escaño de Guerra me trago la entrevista, y, terminada, consigo el trofeo, una fotografía en el escaño del Presidente del Gobierno, otra novedad por cortesía del paisano Bono.
Me pregunto cómo verá Zapatero el país desde éste escaño todos los miércoles. Es, según pude comprobar, una posición perfecta para dominar el hemiciclo, a toda la oposición, y a la tribuna. Visión perfecta pero, ¿audición perfecta? Por el bien de España esperemos que si.
Toca irse, ha sido una experiencia electrizante. Continúa la visita por las distintas dependencias. Después salimos y nos encontramos con Madrid a las 10:30 de la mañana, bullicioso, atareado, secuestrado.
Ése día colmé una de mis aspiraciones máximas en Madrid: visitar el Congreso de los Diputados.
Visto vacío, ahora toca verlo en su normalidad, como público. Otro día será, por ahora, ya estoy tranquilo, y feliz.
Un saludo y muchas gracias por leerme.

el dia que vayas como publico avisame y te acompaño, asi podemos comentar-discutir los diferentes puntos de vista jejeje.
ResponderEliminar